Introducción: Romper el silencio y la caricatura
El cuckolding o la dinámica del cornudo consentidor es una fantasía sexual que, aunque cada vez más explorada, sigue atrapada en una red de prejuicios, clichés y malentendidos. Para la mayoría de las personas, la única referencia proviene de la pornografía y de narrativas superficiales que dibujan una imagen distorsionada y, francamente, bastante alejada de la realidad.
El objetivo de esta entrada es simple: desmantelar estos mitos y mostrar la realidad de esta práctica consensuada, una realidad que se basa en la comunicación, el deseo genuino y, sobre todo, una vida de pareja absolutamente normal.
Si bien mi experiencia personal en este tema es amplia y esencial, entiendo que un grano no hace granero. Por ello, esta entrada va más allá de mi propia historia: a través de mi vida liberal he tenido la oportunidad de conocer y observar a bastantes parejas que viven la dinámica cuckold. Esta amplitud de casos me permite ofrecer una visión general y desmitificadora, basada en múltiples realidades, no solo en la mía. Pero entender que cada pareja es un mundo y establece su propia realidad.
El daño de los clichés pornográficos: Un rol, no una identidad 24/7
El primer gran mito que debemos abordar es la imagen del cuckold como un hombre débil, sumiso, con baja autoestima, un mal amante o, en la versión más cruel, alguien impotente o con un pene pequeño.
En mi caso en particular, mi esposo no la tiene pequeña. Tampoco es impotente; es una persona muy sexual, que disfruta del morbo. En nuestro caso no nace de la insatisfacción o la deficiencia sexual de mi marido, sino de una preferencia específica y consensuada. La excitación surge del voyeurismo, de la dinámica de poder pactada, de que él pueda verme disfrutar con otros hombres.
Si mi marido es un cornudo consentidor, yo soy adicta a las relaciones de dominación. Con algunos hombres encuentro placer siendo sumisa; con otros, disfrutando de tener el control. En la cama suelo ser muy dominante con mi esposo, pero lo que más me excita es que él presencie cómo me dejo dominar por otros. Ese es nuestro tándem, el equilibrio perfecto. Él goza con la humillación y yo disfruto al máximo dándosela.
Pero sigamos desmitificando. Es vital recordar que el cuckolding es un rol sexual, no es una identidad que se ejerce a todas horas. Nuestra relación no es 24/7. En nuestra vida diaria somos una pareja convencional que disfruta del arte, de visitar exposiciones, de salir a cenar, de viajar, ir a conciertos o tomar algo con amigos y, sí, nos encanta el fútbol. Tenemos problemas comunes y hablamos de ellos: de llevar el lunes el coche al taller, de ir a hacer la compra, de ir al ayuntamiento a buscar un papel… La mayoría de nuestro círculo no sospecharía nunca lo que hacemos en la intimidad.
Equilibrio: Sería agotador intentar ejercer un rol de dominación o una fantasía intensa de forma constante. Los roles se activan solo en momentos puntuales, a menudo durante los fines de semana o vacaciones. De hecho, a veces, un fin de semana se destina a descansar y disfrutar de una intimidad más "convencional", porque la relación primaria siempre es lo primero.
Otro gran error es asumir que la esposa (hotwife) se acuesta con otros hombres solo para complacer la fantasía de su marido. MENTIRA. Yo me descojono cuando alguno de mis lectores me dice ser cornudo, y luego me dice que sus mujeres se follan a otros por complacer esa fantasía, pobres ilusos…
Es cierto que a menudo es el esposo quien revela la fantasía. Es natural que la mujer dude inicialmente, preocupada por cuestiones éticas o por cómo será vista: «No quiero que luego me veas como una puta». En muchos casos, al acceder, ella puede decir que lo hace «por complacerlo», pensando que así él no podrá hacerle reproches después, si la cosa sale mal.
La verdad ineludible: La realidad es que la mujer que accede a follar con otros lo hace, en la mayoría de los casos, por puro vicio. Ese deseo existe, y la fantasía del esposo se convierte en el marco perfecto y seguro para liberarlo.
Empoderamiento femenino: La esposa se convierte en la figura de control. Ella impone sus reglas sobre cómo será la dinámica. Es común que, al principio, exija que la primera relación sea a solas «aunque luego se incorpore el esposo», porque desea vivir el encuentro sin sentirse presionada. Además, la elección del amante no es casual; a menudo es un hombre que ella ya tenía en mente «un amigo del esposo, un compañero de trabajo…», con el que ya existía un juego de miradas o insinuaciones, sin que él lo sepa. Ella lo deja caer… «Cariño, he notado que fulanito me mira mucho… creo que si un día le sonriera un poco… tal vez se atrevería a decirme algo». Comentar algo así cuando el esposo te está rogando, casi suplicando unos buenos cuernos, y decirlo en el momento en el que te está follando… hace que él se vuelva loco.
También existe una variante muy extendida, sobre todo en las primeras fases del juego, en la que la esposa se desnuda para otros hombres a través de la cámara del teléfono o del ordenador. Suelen ser desconocidos que ella ha conocido en redes sociales. «Es muy fácil, hay miles de hombres esperando esa oportunidad». El esposo, mientras tanto, está presente, aunque fuera del encuadre. Permanece apartado, observando desde el sofá, en silencio, sin intervenir.
Mi marido llama a eso no contaminar la escena. Le gusta que los otros ignoren su presencia; dice que así todo fluye de forma más natural, como un cortejo primario. «Es un puto filósofo y antropólogo del sexo». Muchos hombres, según él, se cohíben cuando está el esposo: temen decir algo inconveniente o hacer un gesto que los moleste.
A él le excita ser testigo del deseo que yo despierto en otros. Le gusta observar cómo se masturban al verme, cómo me lanzan palabras obscenas, cómo ese intercambio, tan virtual y tan real al mismo tiempo, se convierte en su propio espectáculo privado.
¿El cornudo nace o se hace? La transformación del miedo
Una de las preguntas más intrigantes es el origen de esta preferencia sexual. ¿Es innata, o existe un desencadenante?
He llegado a la conclusión, hablando con algunas parejas, de que la fantasía a menudo necesita un catalizador emocional.
Se repite la idea del hombre celoso que sufre un miedo constante a ser traicionado. El caso clásico es el descubrimiento accidental: entra a casa inesperadamente y pilla a su esposa puesta a cuatro patas chillando como una perra en celo.
Para algunos, la intensidad de esa escena, ese momento de shock, en lugar de traducirse en dolor y ruptura, provoca una reconfiguración cerebral. La emoción extrema del miedo o la pérdida se asocia con la excitación. Se produce un «clic» donde la angustia se transforma en una fuente de placer intensa y controlada.
Del secreto al consenso: Una experiencia personal
Mi propia historia es la mejor prueba de estos puntos. Mi deseo de tener amantes es intrínseco a mi sexualidad; «está en mi ADN», lo que me llevó a ser infiel en mi primer matrimonio durante más de veinte años.
Después de separarme, me juré a mí misma no volver a tener pareja. No quería más mentiras. Estaba harta de ser siempre la misma, de repetir los mismos errores. Y como sabía que me atraía vivir múltiples experiencias incompatibles como la monogamia, comprendí que lo mejor para mí era seguir sola.
Pero cuando conocí a mi actual marido, no pude evitar enamorarme. Es algo que no puedes controlar. Durante las primeras semanas corté en seco con todos mis amantes y me forcé a ser fiel. Lo conseguí… Pero fue una noche en Praga lo que cambió todo:
El primer juego: Estábamos en un pub. Yo bailaba seductora y provocativamente para él; mi esposo me miraba desde la barra. Pero… mi cuerpo y mi forma de moverme consiguieron atraer también la mirada obscena de otros hombres. Yo seguí jugando; pensaba que lo que le excitaba era comprobar cómo otros deseaban follarme, pero saber que solo él podría hacerlo. La intensidad de la conexión y el juego se liberó en el hotel. Follamos como animales. Apenas pegamos ojo esa noche.
La escalada consensuada: A partir de ahí, el juego creció. En nuestras salidas de fin de semana, ya en España, pasamos de las miradas a que yo coqueteara más abiertamente, aceptar invitaciones a copas, roces, abrazos y toqueteos justos. Todo sutil, una mano en la cadera… Él siempre permanecía apartado, observando en la distancia. Incluso entrabamos al bar por separado.
En ese punto de mi historia, comencé a confesarle a mi esposo las múltiples infidelidades de mi anterior matrimonio. Al principio lo hacía sin entrar en detalles complejos, únicamente le contaba cómo me habían follado, pero él siempre tenía una pregunta más: —¿Qué sentiste? ¿Qué te dijo? ¿Cómo era el sitio…?
Siempre fue demasiado morboso para conformarse solo con la parte sexual; quería saberlo todo: cada emoción, cada gesto, cada matiz. Así empecé a escribir mis experiencias reales en forma de relato, intentando acercarme lo máximo posible a la verdad de mis recuerdos. Quería hacerlo partícipe de esas vivencias, por eso lo detallaba todo al milímetro, incluso con diálogos, desnudándome no solo físicamente, sino también por dentro.
Así nació Deva Nandiny, y con ella, mi manera de escribir y de entender la literatura erótica.
A veces tardaba días en terminar un relato sobre alguna de mis infidelidades pasadas. Casi siempre se lo enviaba al correo del trabajo en cuanto lo acababa… y entonces sabía perfectamente lo que me esperaba al llegar a casa. Joder, cómo me follaba… Siempre intentando imitar a esos hombres que yo describía en mis relatos.
—¿Así…? ¿Así te lo hacía? —me preguntaba con la respiración entrecortada, moviéndose torpe, intentando seguirme el ritmo.
—Mejor. Me follaban mucho mejor que tú, puto cornudo —le soltaba, mirándole directo a los ojos, con una sonrisa de pura maldad. Sabía que esa frase le volvía loco, que lo incendiaba por dentro. Y justo en ese instante, cuando su orgullo se mezclaba con el morbo, me agarraba con fuerza y me follaba como si quisiera demostrarme lo contrario.
Una vez, estando de vacaciones, me dio por hacer topless en la piscina. Según él, un grupo de chavales no me quitaba ojo; se pasaron un buen rato mirándome las tetas y soltando comentarios de lo más morbosos. Lo mejor es que no sabían que era mi marido, y él los escuchó por casualidad.
Luego, cuando me lo contó, estaba tan empalmado que me hizo subir a la habitación; ni siquiera me dejó terminar de secarme.
—A veces envidio a tu anterior marido… —susurró cuando las puertas del ascensor se cerraron.
—No deberías hacerlo —respondí con una sonrisa maliciosa—. Te aseguro que a él nunca llegué a quererlo como a ti.
—Lo sé… —dijo, rozándome los labios con un beso húmedo—. Y no lo digo por eso. Lo digo porque a él lo hiciste cornudo.
Me reí. Me excitaba verlo tan alterado, tan al borde, solo con imaginarme con otros.
—Pero nunca lo supo, amor. Solo se enteró de un par de infidelidades cuando nos divorciamos… y créeme, no le hizo ninguna gracia saber que me tiré a uno de sus mejores amigos.
Él bufó al recordarlo; le había escrito un relato sobre aquella experiencia. Lo leímos juntos una noche, y desde entonces, cada vez que lo menciono, se le nota en la mirada ese fuego que mezcla deseo y pura obsesión.
—No sabes lo que me pone imaginarte —murmuró, apretándome contra la pared del ascensor.
—Tal vez, en tu cumpleaños, en vez de un reloj, debí regalarte unos buenos cuernos. Sin duda los mereces más que Alex —señalé en referencia a mi primer marido.
—Te aseguro que ningún regalo me gustaría más —susurró, abrazándome por detrás, restregando su erección contra la tela húmeda del tanga de mi bikini.
—Amor… cuidado con lo que deseas —murmuré, inclinando la cadera hacia atrás, provocando más fricción—. Recuerda que puede cumplirse.
El ascensor se detuvo, y mientras las puertas se abrían, su mano ya había encontrado el camino bajo mi tanga.
Esa misma noche, después de una cena romántica, salimos del restaurante y fuimos a tomar unas copas. Un rato después, me estaba besando y dejándome tocar por encima de la ropa con un chico de veintitantos… justo delante de mi marido. No pasó nada más… pero aquel instante lo cambió todo: el tabú se rompió por completo.
Para él fue la materialización de su fantasía; para mí, la liberación de la contención, la posibilidad de tener amantes dentro del marco seguro de nuestro amor.
Conclusión: Mi esposo no me dominó para que yo accediera. Yo activé mi deseo y él encontró la forma de canalizar el suyo. La diferencia entre mi primer y segundo matrimonio es el CONSENTIMIENTO. El cuckolding no es un signo de patología o debilidad; es una prueba de confianza radical y una forma valiente de explorar las complejidades del deseo humano en pareja.
Deva Nandiny
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Comentarios
No suelo comentar, pero este texto me ha dejado helada y fascinada a partes iguales. Me encanta cómo hablas del deseo sin pedir disculpas. Has conseguido que un tema tan tabú suene honesto, humano y hasta tierno. Bravo, Deva.
Me ha encantado la forma en que desmontas los clichés del cuckold. Se nota que hablas desde la experiencia y no desde la teoría. La parte en la que mencionas que “el consentimiento lo cambia todo” me parece magistral. Debería ser lectura obligada en cualquier relación abierta
Nunca había leído algo así contado por una mujer, con tanta claridad y sin artificios. Me sentí reflejada en muchos puntos, sobre todo en lo de disfrutar de ser observada. Gracias por normalizar algo que tantas callamos por miedo al juicio
Lo tuyo no es solo erotismo, es psicología pura. Me encanta cómo diseccionas la mente masculina sin perder el punto caliente. Esa frase final sobre el consentimiento me ha parecido brillante
Seguro que buscas otros porque tu marido no te da lo que necesitas, si estubieras conmigo no necesitarias follarte a nadie, te dendría saciada
Qué puto gañán
Tienes una manera de escribir que engancha, incluso cuando hablas de cosas que incomodan. Me gusta cómo desmontas el mito del hombre débil. Aquí no hay víctimas, solo deseo compartido.
Sinceramente, me pareció brillante. Lo erótico está ahí, pero también lo emocional, lo humano. Gracias por tratar un tema tan complejo con respeto, sin esconderte ni exagerar
Pues yo sigo pensando que un marido que entregue a una mujer estando tan buena como tu a otros tios es porque o le falta o un tornillo o porque es importente y no te da placer. Si tu marido te da placer no necestias a otros. Otra cosa es que un tio sea infiel eso es algo mas normal
Mi marido me permite estar con otros hombres, y te aseguro que no le falta nada. Pero eres demasiado simple para entender que las sensibilidades de las personas no deben estar sujetas a tus prejuicios ni a tu limitada visión del deseo
Si esto lo leyera mi mujer… madre mía. Igual se animaba. O me dejaba. Pero me da igual, porque me he calentado como un animal.
Soy hotwife desde hace cinco años y no sabes cómo me identifico siempre contigo. La gente no entiende que no somo ninfomanas, no comprenden que de puertas para fuera tenemos una vida normal. En mi caso tengro tres hijos a los que llevo todas las mañanas al colegio, allí hablo con los demás padres, asisto a reuniones familiares, mi esposo trabaja en un banco y juega al pádel con su compañeros, yo trabajo en una gestoria, tenemos amigos con los que nos gusta salir (Sin nada de sexo) familia, vecinos... nadie sospecheraía que tengo dos amantes fijo con los que me veo un par de veces por semana, nadie imaginaria que me gusta estar con chicos de veintipico (Que conozco por internet) y que lo hago delante de mi esposo. Fuera de eso, nuestra vida de pareja es mucho más que el sexo. En nuestro caso nos gustan las espcapadas románticas, las cenas... El sexo es importante, pero no son las 24 horas. Muchas gracias por contarlo tan bien como lo haces
Tengo 35 años y vivo en Madrid. Soy limpio y tengo mucho aguante. Me encantaria estar con una hotwife. Mi polla es de 17cm
No puedo evitarlo, me pone leer tus textos, pero además me hacen pensar. Es una mezcla peligrosa: morbo con cerebro
Tengo cincuenta años y soy cornudo. He tenido dos matrimonios. Mi primera mujer me engañaba. La primera vez la pillé morreándose con su jefe a la puerta de casa, terminé perdonándola.
Ella me prometió que había sido un desliz, pero volvió a engañarme con un vecino. Esta vez fue la mujer del vecino quien los pilló en la cama y fue quien me lo contó, a mí y a todo el pueblo, pues dejó al marido con el que llevaba casada solo dos meses. Imagina el escándalo, pero mis hijos eran pequeños y volví a perdonarla. Esta vez fue más complicado porque se enteró todo el pueblo, incluida mi familia, amigos... (Perdonarla fue humillante, me convertí en el cornudo del pueblo, lo pasé muy mal).
Pero como no hay dos sin tres, volvió a engañarme. En esta ocasión fue en las fiestas del pueblo. Me lo contó mi primo, que la vio bajarse del coche de un chico más joven. Cuando ella llegó a casa, se lo pregunté directamente y no me lo negó. Había bebido. Terminé divorciándome. Esta vez la dejé por fin. Fue entonces cuando más rumores me llegaron.
Volví a casarme tiempo después y tuve una hija. Estuve con mi segunda esposa casi diez años. Pero la dejé porque, a pesar de ser feliz al principio, nunca conseguí olvidar a mi primera esposa. Sin duda, Sole es la mujer de mi vida. Me obsesioné por ella. Me masturbaba y hacía el amor con mi segunda mujer pensando en Sole.
Resumiendo para no alargarme demasiado, te diré que he vuelto a casarme con mi primera mujer, yendo en contra de los consejos de mis hermanos, de algunos amigos, de mi madre… Llevamos tres años juntos.
Ella sigue follándose a otros, tiene dos amantes fijos, pero ahora ya no me engaña, me dice directamente de dónde viene y con quién, lo que ha hecho… Todo.
Donde vivimos es un pueblo relativamente pequeño y conozco a todos sus amantes, aunque exteriormente, cuando los veo por la calle, finjo no saber que se follan a mi mujer, pues Sole no quiere que hable con ellos. Nunca he estado presente en esos encuentros. Ella no quiere y yo tengo que respetarlo. Pero de vez en cuando me regala una prueba de mis cuernos, algún corto video o foto que sus amantes le han sacado y que le mandan por teléfono, durante las conversaciones cachondas que mantiene con ellos. A veces me pide que le haga fotos sexis para mandárselas, y eso me pone muy burro, no puedo evitarlo.
Hace poco, en una discusión que tuve con uno del pueblo, me llamó cornudo. Simulé enfadarme, le tiré con un vaso en el bar, pero en el fondo, me pone como una moto que la gente lo sepa. Solo lamento no haber descubierto antes el placer de ser un cornudo.
Fuera de todo eso, me identifico con lo que has escrito, la desmitificación del cornudo impotente con polla pequeña. Soy muy ardiente y mi polla no es pequeña. Sole siempre me dice que soy el mejor en la cama que ha tenido, pero que le gusta cambiar de piel, que le aburre comerse siempre lo mismo. No sé si exagera. Mi mujer es muy atenta y cariñosa conmigo. Compartimos muchas aficiones. A los dos nos gusta viajar y hacer senderismo. No solo nos une la parte sexual. Al mismo tiempo disfrutamos de una vida de pareja muy buena.
A Sole le encantan todas tus novelas, las tiene en papel en casa, creo que es tu mejor lectora y te admira mucho. Como sé que te sigue y que lee todo lo que publicas en tu blog, he decidido escribir esta especie de halegato de mis propios cuernos, como una especie de homenaje a ella. Te quiero, Sole... nadie sabe lo feliz que me haces, dentro y fuera de la cama.
Hola, amor, gracias por tu comentario. Me gusta mucho tu historia, me encantaría conocerla más en profundidad, tanto tu perpesctiva como la de Sole, tu mujer. Profundizar sobre todo en vuestros sentimientos. Si os apetece contármela estaré encantada de hablar con vosotros. Teneís mi Whatsapp o email en la web. Un beso y aprovecho para daros las gracias a TODOS por vuestras lectruras y comentarios, me haceis muy feliz.
Llevo tiempo hablandolo con mi esposa, ella me ha dicho que si que le gustaría hacerme cornudo. Me ha confesardo que solo lo haría con mi cuñado, el marido de mi hermana, que le gusta mucho. Sus palabras son: siempre he estado loca por el. Pero es muy complicado y aunque llevamos tiempo deseandolo de momento no ha habido ningun acercamiento. Tambien le gusta el marido de una amiga, pero trabaja fuera y casi no nos vemos. Me gustaría convencerla para que lo hiciera con otro, pero ella está empeñada en que sea con mi cuñado, por lo tanto no creo que llegue a ser un cornudo
Hola Olivia genial explicación de todas las facetas tanto en el hombre como en la mujer felicitaciónes por ello y mi apoyo incondicional. Besos
Se puede decir más alto, pero no más claro. Te encantan los hombres...
Que bien les biene a las zorras como tu que alla hombres asi. Como te aprovechas de que tu esposo sea un hombre manso
Hace unos meses un amigo me propuso que me follara novia en su presencia, yo pensé que me lo decía en broma, pues llevan muchos años juntos y se les ve enamorados. Además ella es una auténtico ricura. Me confensó que era su mayor fantasía y que lo había hablado con ella y que al final habian accedido a que fuera conmigo, por lo visto yo le gustaba a ella. Lo hablamos, yo quedé con mi amigo en un bar mientras ella nos esperaba en casa. Mientras tomabamos una copa le pregunté como tendría que actuar al verla, y él me contestó que no fuera demasiado brusco, que me tomara mi tiempo hasta que la cosa la cosa fluyera. Me dijo que ella no estaba demasiado convencida y que lo mismo se asutaba, que mejor ir despacio. Mientras charlábamos, para aumentar mis ganas, me enseñó fotos de ella en ropa interior, incluso en una se le veian las tetas, me puse a tope. LLegamos a casa y ella estaba en el salón, vestida con una minifalda, zapatos de tacón y una camiseta. Nos dimos dos besos como si todo fuera normal, aunque ambos teniamos un cortazo, no dejabamos de reirnos. Paso el rato y la cosa no avanzaba hasta que mi amigo le dijo a su novia que me había enseñado unas fotos de ella desnuda y que yo había dicho que estaba super buena, poco despues nos estábamos morreandonos. Togo guay. La tia se puso super cachonda, le empecé a comer las tetas y cuando comencé a tocarla por debajo del tanga, mi amigo comenzó a sentirse mal y tuvimos que parar. Se puso a llorar. Por lo tanto me fui con un calenton de narices a casa. No hemos vuelto hablar de ello, supongo que se le ha pasado la fantasía de verla follando con otro, desde entonces está raro conmigo, ya no me llama como antes. Pero cada vez que la veo me pongo duro como una piedra, le debo de haber dedicado un millón de pajas.
Hola Deva, nos tienes un poco abandonados, (espero que todo vaya bien), ¿nos traerá papa noel un regalo estas Navidades en forma de novela? besos