La loba vestida con piel de cordero

Aquella noche nos juntamos a cenar un grupo de seis amigas. Lo hacemos desde hace años. Estudiamos juntas en el mismo colegio, luego compartimos instituto y, aunque la vida se ha empeñado en dispersarnos, siempre hemos mantenido ese contacto. No es fácil cuadrar agendas, pero lo intentamos un par de veces al año. 

No recuerdo qué estábamos cenando. Sí recuerdo la conversación.

Hablábamos de la separación de unos amigos. De cómo, a veces, una relación que parecía sólida se rompe sin previo aviso. De la infidelidad como detonante. De las opiniones tajantes, de las certezas dichas en voz alta: yo nunca haría algo así, hay cosas que no se perdonan, yo sé perfectamente quién soy.

Y entonces alguien soltó la frase.

—La mujer que nunca ha probado el veneno cree que es inmune.

Hubo un silencio incómodo. De esos que aparecen cuando una frase hace diana y nadie sabe muy bien cómo seguir.

Yo defendí esa postura. No porque piense que todo el mundo vaya a ser infiel, sino porque estoy convencida de algo que incomoda admitir: cualquiera puede serlo si se cruza con la persona adecuada en el momento preciso. Aunque no quieras y no lo busques a veces ocurre.

Muchas personas presumen de una fidelidad absoluta. De una moral inquebrantable. Y puede que sea real… o puede que simplemente nunca hayan tenido la oportunidad de ponerla a prueba. Hablo de una ocasión de verdad, no de acostarte con la primera persona que se te cruza.

Quizá haya personas que nunca se han cruzado con alguien que les rompa los esquemas. Nunca han sentido esa atracción que no encaja con su vida ordenada. Nunca han tenido delante a alguien que sepa exactamente dónde arañar y consiga que se humedezcan sus bragas con solo oírlo hablar.

Porque el deseo no siempre llega como un arrebato descontrolado. A veces llega despacio. Como una conversación que se alarga más de lo normal. Como una mirada que dura medio segundo de más. Como un silencio que pesa.

Y lo más inquietante no es desear a otro, eo todos y todas lo hemos sentido, sino descubrir que dentro de nosotros habita alguien que no conocíamos.

Alguien capaz de cruzar líneas. Alguien que no encaja del todo en la versión correcta que hemos construido de nosotros mismos.

 

De aquella cena nació La loba vestida con piel de cordero.

Paula no es una mujer infeliz. No está rota. No busca escapar de su vida. Precisamente por eso su historia resulta peligrosa.

Ella cree saber quién es. Cree conocer sus límites. Cree estar a salvo de ciertas decisiones… hasta que aparece alguien que no promete amor ni finales felices, pero que sabe leerla con una lucidez incómoda.

Esta novela no habla solo de infidelidad.
Habla de identidad. De culpa aprendida. De deseo. Y de lo que ocurre cuando alguien sabe rascar en la superficie y rompe el molde, sorprendiéndonos incluso a nosotros mismos.

Porque, a veces, el mayor escándalo no es lo que hacemos, sino descubrir de qué somos capaces. Y una vez que lo sabes…
ya no hay vuelta atrás.

Te dejo un enlace a la novela: Pincha aquí -->La loba vestida con piel de cordero<--

 

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Comentarios

Natalia
hace 11 días

Esa frase del veneno me va a perseguir todo el día. Qué peligroso es creerse inmune y qué humano descubrir que no lo somos tanto.

Pere
hace 11 días

Me encanta cómo partes de una conversación real para llegar a algo tan profundo. No es solo erotismo, es psicología pura. Ya tengo la novela descargada

Arturo
hace 11 días

No todos somos infieles. Algunos simplemente hemos decidido no tener pareja. Deseando leer tu novela, ya tengo mi regalo de reyes

AZUL
hace 11 días

Hay decisiones que no se planean… simplemente pasan. Y ya está. Deseando volver a leerte. Besos guapi

Marcos
hace 8 días

Hola aunque no tenga posibilidades de leerlo no me cabe duda que será una obra interesante como todas las anteriores

Marcos
hace 11 horas

Hola que poco movimiento de comentarios, para una nueva publicación